Arte es provocar.

Patricia Maiolino se maneja con soltura técnica y profundidad expresiva en el tratamiento del paisaje.

El observador atento hallará en sus obras, reminiscencias de dos grandes maestros: Cézanne y Dufi; sobre todo en la precisión de su dibujo, soporte de un colorido vibrante y sutil a la vez.

En "Ocio" la arboleda trepa por ritmos de luz y de color hasta un cielo sereno y lejano: troncos y ramas envueltos en la energía rítmica de la composición, expresan una cierta comunión con el infinito. 

En "De regreso" la curva de un camino separa en dos una avenida arbolada. Hacia la derecha de la obra, el color adquiere calidez y luminosidad, desde el exgtremo inferior izquierdo un plano triangular asciende con tonos azulados y ocres, hasta enlazarse con las ramas opuestas. Enmarcado por el follaje, se divisan los destellos de algo que ha quedado en el horizonte lejano.

De la obra de Patricia Maiolino se desprende -además de voluntad y conocimiento de oficio- una inquietud creativa por la cual sus paisajes no sólo tienen reminiscencias de Paul Cézanne y de Raul Dufi, en cuanto a la estructura compositiva y los ámbitos lumínicos, sino también su mensaje.

Realizados en acrílico, un material que no posee la maleabilidad del óleo ni su textura, la artista ha logrado que sus obras trasciendan lo meramente visual, tranformándolos en expresiones de sutiles estados anímicos.

Alicia Casais